
Desde pequeñita, siempre me ha gustado patinar. Eso de subirme sobre unas ruedas y sentirme más veloz, hacer figuras y esa sensación de velocidad... Aprender a hacer el cochecito, y luego la tetera. No era tan fácil como suena, había que tener mucho equilibrio. Las vueltas, madre mía todo el mundo daba más de dos seguidas y yo no era capaz... Patinar hacia atrás, mientras ponías los brazos en posición "caja", como le llamaba mi profesora. Era difícil, mucho. Pero lo guay era cuando empezabas a patinar hacia atrás haciendo "gusanitos" con los pies y cogías una velocidad espectacular. Cuando ya sabías hacer las formas básicas, empezabas con el ángel. Lo aprendí. Fui capaz de hacerlo muchas veces, y muchísimas veces más me caí practicándolo, hasta que le cogí miedo. Normal, el patio del cole estaba lleno de piedrecitas, y si te distraías un segundo
pom! te caías. Me gustaba patinar. Perdón.
ME GUSTA patinar. En presente. Y sí, voy a volver a hacerlo, porque tengo tiempo, porque me apetece, porque puedo y porque lo necesito.
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